Bertone: dos años de gestión entre dos fuegos

Entre las "demandas" de un oficialismo nacional que ya no es y un gobierno central que prefiere imponer a negociar, TDF transitó dos años con mucho por destacar.

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“Si en Nación creen que porque no gané una elección voy a bajar los brazos es porque no me conocen, yo no voy a bajar los brazos nunca.” La definición de Rosana Bertone se escuchó contundente. Fue después de que a la fuerza política de la gobernadora de Tierra del Fuego no le fuese tan bien en las PASO de este año y en respuesta a la intención expresada por el ministro de Finanzas de Mauricio Macri, Nicolás Dujovne, de avanzar en modificaciones al impuesto a los Ingresos Brutos.

En esas palabras, Bertone está muy lejos de mostrarse como una gobernadora “alineada” con el gobierno nacional, como desde medios nacionales se intentó mostrarla a poco de que asumiera su cargo en diciembre de 2015. Pero las construcciones mediáticas son la marca de época de la política Argentina.

Se cumplen en estos días dos años de la asunción de Bertone y de la mayoría de los gobernadores del país. Pero nos ocupa a nosotros hacer una lectura, un balance político de lo hecho por la fueguina. Bertone asumió en el contexto de un cambio donde la oposición quedó sin referentes, atomizada, sin liderazgo, sin ningún criterio unificador a nivel nacional. Literalmente, cada dirigente quedó a su suerte en su distrito. De estructuras antes “poderosas” sólo surgió el reproche y la estigmatización como único -e inútil- reflejo político y que evidencia un pavoroso desconocimiento de la realidad y de las urgencias políticas de cada distrito. Una dirigencia rápida para las acusaciones y siempre lista para pasar facturas pero reacia y reaccionaria a cualquier atisbo de autocrítica. ¿O ignoraban que la estructura institucional de la Argentina deja expuestas a todas las jurisdicciones al criterio (y, eventualmente, la arbitrariedad) del poder central? Nada se hizo en 12 años en materia de reaseguros para las provincias ante este potencial escenario.

“Se cumplen en estos días dos años de la asunción de Bertone y de la mayoría de los gobernadores del país. Pero nos ocupa a nosotros hacer una lectura, un balance político de lo hecho por la fueguina”.

El nuevo oficialismo nacional, por su parte, desplegó un modelo económico y de gestión política que dos años después tiene poco y nada por mostrar. De la promesa/premisa de “pobreza cero” se pasó a niveles récord de exclusión; de la certeza del “equilibrio fiscal” que iba a lograr el “mejor equipo en 50 años”, se llega a este presente con déficits nacionales (fiscal, balanza comercial, de balanza de pagos) que se dispararon a niveles que no se alcanzaban hacía décadas.

La caída de la actividad del comercio, de la industria, de la producción en casi cualquier rubro que se aborde, el ahogo de las economías regionales, el derrumbe del poder adquisitivo de los sectores populares (que hoy tienen en el intento de recorte de las jubilaciones su más inapelable ejemplo) son la constante en la economía cotidiana de millones de comerciantes, industriales y ciudadanos argentinos.

La promesa de “equidad” y de “diálogo” del oficialismo de Cambiemos también trocó por los condicionamientos más o menos elegantes a todos aquellos que no se alinearan a sus objetivos políticos, económicos o de la índole que sean.

En semejante escenario, donde prácticamente ninguna provincia (aún aquellas de gran peso específico) puede mostrar logros significativos,  Tierra del Fuego logró hacer pie y estabilizarse. Las condiciones en que asumió Bertone estaban muy lejos del célebre viento de cola. Y sin embargo, la dirigente de “Tierra de Unión” no eludió el desafío de gestionar. La gobernadora, a poco de transitar su mandato, comenzó un despliegue constante, sostenido, intenso de trabajo en cada lugar de la provincia que lo requería. Se atendieron las necesidades más urgentes; la política social no sólo no se descuidó sino que se amplió; la inversión en infraestructura social y económica se amplió de un modo notable; se mantuvo el diálogo con los sectores sociales y políticos de la provincia; se negoció con todos los actores con que surgiera algún conflicto de intereses o de diferentes puntos de vista; se profundizó la reivindicación por nuestras Islas Malvinas; se buscó la promoción de inversiones…

En este último punto, por caso, se lograron importantes avances en materia de prospección y explotación petrolífera; se fomentó -y se busca- el desarrollo de nuevos rubros o segmentos de desarrollo productivo. Para ello se realizó un inédito foro de inversiones en nuestra provincia, se participó en misiones comerciales, de promoción turística, de intercambio de conocimiento con organismos internacionales.

Pero también Bertone buscó apuntalar al máximo el desarrollo logrado por la provincia desde su nacimiento. Y, como se explicó antes, en medio de una ola (¿amarilla?) que se llevó puestas a industrias centenarias en provincias como la de Buenos Aires (baste recordar los casos de Carboclor, Pepsico, entre otras decenas) o las plantas de Sancor cerradas o paradas en Santa Fe y Córdoba, además de la crisis del sector lácteo que afectó a una industria emblemática como La Serenísima de los hermanos Mastellone, decíamos que en este escenario se pretendió que Tierra del Fuego permaneciese como un paraiso impoluto que iba a permanecer al margen de semejante cambio de paradigma.

Bertone no sólo se dedicó a gobernar en semejante turbulencia nacional sin victimizarse ni ponerse en actitud de queja o reclamo permanente, sino que cuando tuvo que mostrar su disgusto ante un gobierno nacional que -como dio sobradas muestras- es poco permeable y receptivo, lo hizo con la claridad de términos que sintetiza el comienzo de esta nota. La síntesis de la gestión Bertone surge clara: puso a su provincia por encima de cualquier disputa política nacional entre “oficialismos” que ya no lo son -pero pretenden seguir siéndolo- y un oficialismo que mal que le pese a aquellos fue refrendado por la mayoría del pueblo argentino hace apenas semanas.

Hoy Tierra del Fuego lidia ella misma con sus problemas gracias a un administración que se centró en el territorio. Y se para sobre bases propias para cumplir metas y planes propios. Se espera entonces que en los próximos años el gobierno de Bertone pueda navegar a velas extendidas iniciando e inaugurando obras estratégicas y postergadas por años.
El final de un tumultuoso 2017 encuentra los fueguinos con paz social y salarios que se pagan en fecha. Sonará a “poco” para aquellos “combativos” que se permiten tal condición porque no tienen que darle respuestas a nadie. Pero en una Argentina que se empeña sistemáticamente en pelearse con los “ideales”, esto es un alivio enorme para muchos.