De Agostini, el cura que denunció el genocidio de los Braun Menéndez

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Este explorador salesiano se fascinó con Tierra del Fuego. Y su obra permitió descubrir la matanza de los selk’nam.

Hace apenas cuatro años, el historiador español José Luis Alonso Marchante se encontraba en plena investigación sobre la vida de un connacional que la había llamado la atención a través de un busto que había visto en el Museo Asturiano de Buenos Aires. “José Menéndez”, rezaba la identificación de la talla. Intrigado por la relevancia que tenía uno de tantos españoles que llegaron a la Argentina y Chile para “hacerse la América”, el investigador llegó hasta la Biblioteca Nacional de España. Ahí dio con el texto original de “Treinta años en Tierra del Fuego”, escrito por el cura Alberto María de Agostini, un sacerdore salesiano que se encuentra entre los exploradores que más aportes realizó al conocimiento de la geografía y la historia fueguinas.
Pero el texto que encontró Alonso Marchante difería mucho de las posteriores reediciones que se hicieron de uno de los varios libros escritos por De Agostini. Le faltaban párrafos completos: aquellos de las matanzas de los habitantes de las naciones originarias de la isla y el sur del continente. “Exploradores, estancieros y soldados no tuvieron escrúpulos en descargar sus mauser contra los infelices indios, como si se tratase de fieras o piezas de caza”, reza uno de los párrafos que figuran en el texto de De Agostini que atesora la Biblioteca Nacional de España y que fue extraído de las ediciones posteriores -según las conclusiones a las que llega el historiador español- para escribir una “historia oficial” y ocultar al gran público las atrocidades cometidas por dos de las familias más ricas de la Argentina y Chile que amasaron sus fortunas en la Patagonia: los Braun y los Menéndez.

De esa investigación y de las revelaciones que obtuvo gracias al texto del padre De Agostini, Alonso Marchante hizo un libro titulado “Menéndez, Rey de la Patagonia”. Allí se cuenta cómo Ménedez recibe miles de hectáreas del gobierno chileno en la zona de Punta Arenas para fomentar el desarrollo económico de la región. Del mismo modo, del lado argentino, son beneficiados Mauricio Braun -cuyos descendientes hoy son dueños de la segunda cadena de supermercados del país, La Anónima- y Julius Popper. Ambos reciben extensas superficies de Tierra del Fuego, pero tras la muerte por envenenamiento de Popper, su parte es cedida a… Menéndez.
Menéndez y Braun “integran” posteriormente sus negocios con el casamiento de Braun con una hija de Menéndez. Esto consolidaría el imperio económico de ambos pero para el que previamente los tres “adelantados” realizaron una verdadera limpieza étnica con el pueblo selk’nam. El historiador argentino Osvaldo Bayer prologó el libro de Alonso Marchante. Y lo define así: “Este es un libro definitivo sobre la verdad de lo ocurrido en el sur chileno y argentino conquistado por la civilización de origen europeo.”
El testimonio del sacerdote salesiano fue determinante para la continuidad de la obra de Alonso Marchante. ¿Pero quién fue este hombre que por su labor exploratoria está a la altura del Perito Francisco Moreno, pero sin su renombre?

De Agostini, junto con otros salesianos que ya estaban en el lugar, se dedicaron a la monumental tarea de tratar de salvar del desastre a los últimos sobrevivientes de los nativos de la región: yamanas y selknam/onas. Gran parte del material fotográfico que aún se conserva de aquellas etnias fue registrado por él mismo.

De Agostini nace en Pollone, Italia, el 2 de noviembre de 1883. A los 26 años entró como sacerdote en la orden de los salesianos y partió como misionero a una de las zonas más extrañas y desconocidas del mundo para la época: Tierra del Fuego. Estamos hablando de hace poco más de 100 años…
Antes que nada, De Agostini fue misionero salesiano de la orden de Don Bosco. Pero también era un bien formado montañista, geógrafo, fotógrafo y documentalista. Llegó a Punta Arenas en 1910 y se dedicó, junto con otros salesianos que ya estaban en el lugar, entre los que se encontraba Monseñor Fagnano, a la monumental tarea de tratar de salvar del desastre a los últimos sobrevivientes de los nativos de la región: yamanas y selknam/onas. Gran parte del material fotográfico que aún se conserva de aquellas etnias fue registrado por él mismo en sus continuos viajes por la región y su constante interacción con ellos. Su profundo humanismo cristiano lo llevó a indignarse y denunciar cuantas veces pudo las atrocidades cometidas por estancieros como los Menéndez -que luego sería también trístemente célebre por los crímenes compilados por Bayer en “La Patagonia Rebelde”- y los Braun.
Según Alonso Marchante, la obra de De Agostini -que incluye una veintena de libros sobre geografía y turismo en la región- fue cortada en sus tramos de denuncia por la presión económica de los Menéndez a la orden salesiana.
Desde Punta Arenas, De Agostini organizó decenas de expediciones a Tierra del Fuego. Las primeras de ellas entre 1913 y 1914. Exploró por primera vez picos que se conocían solamente a través de algunos mapas y donde, además, descubrió otras cumbres. Logró llegar a la cima del Monte Olivia, en Ushuaia pero no pudo con el monte Sarmiento. En el lado chileno exploró la cordillera Darwin, por aquel entonces absolútamente desconocida. Hoy estos macizos se encuentran dentro del parque nacional (el tercero en extensión de Chile) que lleva el nombre del cura.
Hacia 1930 exploró los fiordos Mayo y Spegazzini y logró hacer cumbre en el monte Mayo donde logró una visión conmovedora del extremo sur del mundo y que plasmó en sus crónicas. También exploró picos en Santa Cruz y logró hacer cumbre en el Cerro San Lorenzo (3706 metros).
El cura De Agostini volvió a Italia a transitar sus últimos años. Murió el 25 de diciembre 1960 en la Casa Matriz de los Salesianos de Turín. Dejó tras de sí senderos abiertos en la entonces inhóspita Tierra del Fuego para quienes se aventuraron detrás de él, así como el compromiso profundamente humanista de la solidaridad y la defensa de la vida.

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